Hoy, más de 3,4 millones de
personas superan los 60 años, lo que refiere a un 18% de los habitantes del
país. El desafío, según coinciden los expertos, no es solo llegar a edades
avanzadas, sino hacerlo con plenitud física, emocional y social.
Sabemos que el gran desafío no es
envejecer, sino hacerlo de manera saludable. Mantener rutinas de actividad
física, alimentación balanceada y vínculos sociales es fundamental para
prevenir el deterioro cognitivo y emocional. El envejecimiento activo debe
ser visto como un proceso que empieza mucho antes de la vejez.
El rol de la salud emocional
resulta crucial. Factores como la soledad o la pérdida de proyectos personales
pueden afectar gravemente la calidad de vida. La prevención en salud mental es
tan importante como la física. Espacios de acompañamiento, estimulación
cognitiva y actividades intergeneracionales permiten que los adultos mayores se
sientan parte activa de la comunidad, reduciendo riesgos de depresión y
ansiedad.
La familia y el entorno cercano
cumplen un papel insustituible: acompañar en decisiones, fomentar la
participación en actividades y promover rutinas de autocuidado son acciones que
fortalecen el bienestar. Gestos sencillos como caminar juntos, conversar o
incluir a las personas mayores en celebraciones familiares refuerzan el ánimo y
el sentido de pertenencia.
La actividad física adaptada, ya
sea a través de caminatas, ejercicios suaves o incluso baile, contribuye a
preservar la movilidad y evitar caídas, uno de los problemas más frecuentes en
esta etapa de la vida.
La alimentación y el descanso
también son pilares de un envejecimiento saludable. Mantener una
dieta rica en frutas, verduras y proteínas de calidad ayuda a prevenir
enfermedades crónicas y aportar energía diaria. Por su parte, el sueño
reparador favorece la memoria, la concentración y el sistema inmunológico.
Cuidar la higiene del sueño -manteniendo horarios estables, evitando el exceso
de pantallas antes de dormir y creando un ambiente tranquilo- es una de las
medidas más efectivas para mejorar la calidad de vida en esta etapa.
Finalmente, la estimulación
cognitiva a través de lectura, escritura, juegos de memoria o nuevas
habilidades mantiene la mente activa y eleva la autoestima. El cuidado del
adulto mayor no debe entenderse únicamente como atención médica, sino como un
compromiso integral de bienestar que involucra cuerpo, mente y entorno social.
Fechas como esta nos recuerdan el desafío de vivir más años con dignidad y
plenitud, entendiendo que el cuidado de las personas mayores es una tarea
compartida entre familias, comunidades y sistemas de salud.
Siempre se recomienda el control
con un geriatra ante personas mayores que presenten múltiples comorbilidades,
polifarmacia, caídas u otros síndromes geriátricos, también ante la
pérdida de la capacidad realizar sus actividades diarias o alteraciones cognitivas
como pérdida de memoria, dado que el especialista hará una evaluación
integral para promover la mantención de la autonomía y funcionalidad o para
orientar cual es el mejor manejo dependiendo si es un paciente robusto, frágil
o geriátrico. Todos los pacientes mayores de 80 años que ingresan al
hospital por patología aguda son evaluados de manera integral por el
equipo de geriatría, finaliza la Dra. Mónica Áviles, Geriatra del Hospital
Dipreca.